viernes, 30 de mayo de 2008

FUNDAMENTACIÓN

Sostiene Teresa Maena Suárez (2006) que “cuando transformamos el lenguaje transformamos la realidad”. Esto es así, porque el lenguaje está íntimamente relacionado con nuestro pensamiento, mediante el mismo expresamos y manifestamos los sentimientos y las percepciones del mundo circundante; crea, recrea y modela las realidades de muestro entorno; no es estático, por el contrario se encuentra en constante evolución histórica, social, política y cultural. Es por ello, que a través del lenguaje se puede ayudar a transformar la sociedad actual, contribuyendo a la construcción de sociedades y mundos con justicia y equidad de género.

Es fundamental reflexionar sobre la no neutralidad de la lengua y sobre el hecho de que la misma refleja las relaciones entre varones y mujeres, relaciones en las que las mujeres no ocupan una posición igualitaria con los varones, sino generalmente de subordinación. El lenguaje refleja “el predominio de lo masculino en la sociedad” al emplear como genérico el mismo masculino; es decir, al usar “el masculino como sinónimo de lo universal” perpetuando de este modo la discriminación hacia las mujeres (M. Staff Wilson, 2005).

Siguiendo con el pensamiento de T. M. Suárez, quien sostiene –en alusión a lo señalado por Christine Olivier- que el valerse del lenguaje calificado como “universal”, esto es el masculino, implica hablar en contra de las mujeres. Se sostiene que los vocablos son universales “porque lo masculino se ha erigido a lo largo de la historia en la medida de lo humano. Así se confunden los genéricos con los masculinos. Como dice Fanny Rubio: La lengua será neutra pero no es neutral”. De igual modo, el lenguaje sexista oculta a las mujeres, las silencia, disipa sus existencias; las esconde “tras los falsos genéricos: ese masculino que, habíamos aprendido en la escuela, abarca los dos géneros”. Pero además, este lenguaje sexista manifiesta claramente un desprecio hacia las mujeres, a través de los significados duales y las cargas normativas diferenciales que contienen las palabras: cortesano/cortesana; hombre público/mujer pública; zorro/zorra; gobernante/gobernanta; etc.

Cada vez que no “nombramos” o ignoramos a las mujeres, estamos violando sus derechos humanos; estamos negando la representación de su existencia en el lenguaje; estamos promoviendo y manteniendo los estereotipos de género y de este modo se legitiman las desigualdades, como bien señala M. Staff Wilson.

Lamentablemente, estas actitudes y este no “nombrar” a más de la mitad de los seres humanos –que son mujeres- es una costumbre entre las comunicadoras sociales y los comunicadores sociales de los medios gráficos, radiales, televisivos y digitales de nuestra sociedad puntana. Es por ello, que pensamos en impulsar la Campaña: Periodismo con Equidad de Género para sensibilizar y concientizar a las trabajadoras y los trabajadores de los medios de comunicación, sobre la necesidad de emplear un lenguaje inclusivo (no sexista) en su labor diaria, de manera tal que contribuyan a la visibilización de las mujeres, a su identificación, presencia y participación en la sociedad, junto con la de los varones, para hacer realidad la existencia de mundos con justicia y equidad de género.


Staff Wilson, Mariblanca (2005): “Lenguaje y género”; Panamá América. (Documentos, Cátedra UNESCO MCyT, 2008).

Suárez, Teresa Maena (2006): “Sexismo en el lenguaje: apuntes básicos”.
http://www.mujeresenred.net/article.php3?id_article=832